miércoles, 1 de octubre de 2014

Buen y mal Marketing

Buen Marketing: Spotify
Preguntándome qué producto utilizo como novedoso y no necesitaba realmente en mi día a día, Spotify me parece un ejemplo de lo que entiendo por buen Marketing.  Como producto, ofrecen algo que no había, acceso en streaming  al 80% del contenido musical de todo el mundo, de forma inmediata y, lo que ha sido más determinante, gratis. O al menos sólo a cambio de 30 segundos de publicidad cada 20 minutos evitables por un módico precio.


Este tipo de plataformas pueden no salir rentables a la larga y morir de éxito, pues cuantos más usuarios más derechos de autor tienen que pagar, pero por ello restringen el acceso mediante invitaciones lo cual, además de minimizar este riesgo, le da una perspectiva social al producto y un estatus de mayor calidad que otras radios on line.
Es un servicio que se ha vendido sólo y en muy poco tiempo. Además, cada vez podemos disfrutarlo en más plataformas tecnológicas.




Mal Marketing: Segway
Siempre me ha llamado la atención como gran fracaso y, efectivamente, se pueden encontrar  numerosos artículos, videos, y anécdotas sobre el tema.
Esta tecnología que iba a revolucionar nuestra forma de vida no cumplió las expectativas ni en lo más mínimo. Su fallo no tiene otra explicación que un mal marketing.
Desde mi punto de vista, es notable en esto la influencia del precio, elevado, pero sobre todo al producto en sí, que no cubre ninguna necesidad real de este tiempo, ni ha conseguido despertar el deseo de los usuarios. La idea del fin del caminar y conducir no convenció, y además se percibe como peligroso (los vídeos más populares de este producto son de accidentes)
Hoy en día se ha reorientado al turismo y empresas de seguridad como alternativa ecológica a otros medios de transporte.

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